Justine Kurland, una viajera que busca a otros viajeros.

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Su trabajo le ha llevado siempre a la carretera. Durante los últimos diez años ha atravesado los Estados Unidos en busca de personas dispuestos a ser fotografiadas. Su trabajo era conocido por las escenas de comunas hippies, niños jugando, madres con sus hijos…Cuando su hijo Casper nació en 2004, las circustancias cambiaron, pero no detuvieron su andadura. La carretera ya no le pertenecía sólo a ella y vivir juntos en una furgoneta durante la mayor parte del año le obligó a modificar todos los aspectos del viaje para acomodar al pequeño.

Los trenes se convirtieron lentamente en la fuerza central de sus vidas. El reducido espacio que compartían, estaba equipado con cuatro grandes bahúles de almacenaje que se iban llenando de trenes de juguete y para cuando cumplió dos años Casper estaba obsesionado con los trenes. “Nos detuvimos en todos los museos del ferrocarril que pudimos encontrar, escuchaba las grabaciones de Smithsonian Folkways de canciones clásicas del ferrocarril en el coche y, para divertirnos en los tramos más largos de la carretera, traspasábamos los raíles de protección para poder tener una visión más cercana.”

Con el tiempo y gracias a la influencia de su hijo, Kurland reorientó su trabajo y empezó a fotografiar trenes. “El primer día que comencé a preparar mi cámara 4×5 a lo largo de los raíles mi hijo pateó el trípode y gritó: “No fotografiar, mamá!” Acababa de cumplir tres años.” El romanticismo de la maternidad y el viaje eterno, se mezclaba con las complicaciones cotidianas de una madre con su hijo de cinco años. Aún así Justine continuó fotografiando.



En su camino se encontraban con todo tipo de personas con quienes compartían vivencias y algunas fotografías, antes de ponerse de nuevo en marcha y continuar el viaje. Constantemente tenían que esquivar a la policía del ferrocarril. En una ocasión Justine llegó incluso a arrojar a su hijo por encima de una valla, pensando que estaban siendo perseguidos por unos perros.

Las fotografías son auténticas y están llenas de fuerza por los paisajes y los personajes que recogen, pero sobre todo, porque cada fotografía es parte de la experiencia vital en la que se encuentran inmersos Justine y su hijo Casper.

Impresiona pensar que detrás de este trabajo hay una madre y su hijo de 5 años, recorriendo miles de kilómetros con la casa a cuestas en una furgoneta, sin la certeza de saber donde estarán al día siguiente o con quién.





2 pensamientos en “Justine Kurland, una viajera que busca a otros viajeros.

  1. Javier.

    Pocas imagenes han conseguido emocionarme tanto como las de
    Justine.gracias.

  2. klemente

    Increible trabajo, increible vida, me ha trasportado a los tiempos de. Jermias Jonson.Alucinantes paisajes, personajes solitarios. Flipante lo de que viaje con su jijo de 5 años, que experiencia para ese niño.
    Me da envidia!
    Ole por Justin y Casper.

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