Wirtschaftswunder significa “milagro económico”.


No habían pasado más de ocho años desde la rendición del gobierno nazi cuando Josef Heinrich Darchinger puso en marcha su viaje fotográfico por el oeste de una Alemania dividida. Las bombas de la Segunda Guerra Mundial habían reducido las mayores ciudades del país a desiertos de escombros. Sin embargo, sus imágenes muestran muy pocas señales de la caída de una civilización. No porque el fotógrafo manipulara las evidencias: simplemente registraba lo que veía. En esa época, una agencia de viajes de Nueva York anunciaba la última oportunidad de ir y visitar los sitios bombardeados que quedaban.

Las imágenes de Darchinger, en color y en blanco y negro, enseñan un país en una fiebre de reconstrucción. El boom económico fue tan increíble que el mundo entero habló de un “milagro” económico. En contraste, las personas que lo hicieron posible lucen realistas, sencillas, meticulosas y diligentes. Y se ven crecientemente como extraños en el mundo que han creado.

Las fotografías retratan un país atrapado entre los polos opuestos de la modernidad tecnológica y la restauración cultural, entre la prosperidad y la penuria, entre el confort alemán y la amenaza constante de la Guerra Fría. Muestran a los ganadores y los perdedores del “milagro” económico, gentes de todas las clases sociales en casa, en el trabajo, en su escaso tiempo libre y como consumidores. Pero también exhiben un país que parece en retrospectiva una película de mediados del siglo pasado. El Frankfurter Allgemeine Zeitung escribió de las fotografías en color: “son documentos contemporáneos excepcionales que indican lo rápido que el gris de la vida diaria se tiñó de nuevo de color”.





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